NEXO PLURAL
 

20/06/2008 - HISTORIA

MANUEL BELGRANO

Una breve reseña...

Manuel Belgrano
Manuel Belgrano

Nacido en una familia acomodada, sus padres eran comerciantes en la colonia. Pudo elegir una vida tranquila tras escritorios y rodeado de libros. Sus ideales libertarios lo llevaron a campañas militares, muchas de ellas convertidas en derrotas. Murió pobre, enfermo y olvidado. En el calendario oficial no tiene día, es más, su fallecimiento se conmemora como el “Día de la Bandera”. Ah!... fue el creador de nuestra enseña patria. Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, había nacido en Buenos Aires el 3 de junio de 1770 en el seno de una de las familias más ricas de la ciudad, sus padres Domingo Belgrano y Peri, conocido como Pérez, de origen Genovés y doña María Josefa González Casero, natural de Buenos Aires, Manuel fue el cuarto hijo de este matrimonio que tuvo ocho varones y tres mujeres.

En el libro parroquial de bautismos de la Iglesia Catedral de Buenos Aires, iniciado en el año de 1769 y concluido en el de 1775, se lee al final de la página 43:

"En 4 de junio de 1770, el señor doctor don Juan Baltasar Maciel, canónigo magistral de esta santa iglesia Catedral, provisor y vicario general de este obispado, y abogado de las reales audiencias del Perú y Chile, bautizó, puso óleo y crisma a Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús, que nació ayer 3 del corriente: es hijo legítimo de don Domingo Belgrano Pérez y de doña Josefa González: fue padrino D. Julián Gregorio de Espinosa".

Manuel estudió en el Real Colegio de San Carlos donde obtuvo su licenciatura en filosofía a mediados de 1787, luego fue enviado a España por sus padres para instruirse en el comercio. Sin embargo, ya en suelo español, se matriculó en la Universidad de Salamanca y completó sus estudios de Derechos en Valladolid graduándose de abogado en 1793, seguidamente se traslada a Madrid para profundizar sus conocimientos en economía política, derecho público y lenguas vivas. Llegan a él las noticias de Francia en plena Revolución y las ideas que hablaban de libertad, igualdad y fraternidad. Así toma contacto con los pensamientos de Rousseau, Voltaire, Montesquieu y otros pensadores, pero también se intereso por las nuevas teorías económicas como el liberalismo de Adan Smith y la fisiocracia(2).

A fines de 1793 es nombrado por el rey de España Carlos IV, Primer Secretario Perpetuo del Consulado que estaba por crearse en Buenos Aires; retornando a la colonia en 1794. El consulado era un organismo colonial destinado al fomento y al control de las actividades económicas.

Con veinticuatro años de edad, Belgrano se propuso fomentar la educación y capacitar a la gente en oficios para beneficio de la colonia. En sus proyectos estaban la creación de una Escuela de Comercio, una Escuela de Dibujo y Escuela de Náutica, concretados en 1799 y trató de darles solidez a estas escuelas, pero fueron canceladas por la corona española. Se preocupó por mejorar los métodos agrícolas, la implementación de nuevas industrias como la textil, fomentar el comercio, la navegación y mejorar la comunicación creando nuevos caminos.

En 1801 Belgrano colaboró en la fundación del primer periódico impreso que se editó en Río de la Plata(3), obra del coronel español Francisco Cabello y Mesa: el Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río de la Plata. El Telégrafo Mercantil salía al público dos veces por semana con artículos muy variados; fastidiado por el contenido político del periódico y por la influencia que ejercía en los habitantes de la colonia, el virrey Del Pino, clausuró el Telégrafo el 17 de octubre de 1802.

Durante la primera invasión inglesa, donde unos 1.600 soldados ingleses desembarcaron en Quilmes, el 25 de junio de 1806 y se dirigieron al Fuerte de Buenos Aires; mientras el virrey Sobremonte se marchaba hacia Córdoba, Belgrano había estado en el Fuerte para incorporarse a alguna de las compañías que se organizaron y que nada hicieron para oponerse al invasor.

Planteó a los integrantes del Consulado que no juraran obediencia a los invasores, pero no le hicieron caso. Días más tarde los miembros del Consulado prestaron juramento a la dominación británica, Belgrano se negó a hacerlo y prefirió retirarse como fugado a su estancia de la Banda Oriental, de donde regresó ya reconquistada la ciudad.

En el segundo intento inglés de invadir Buenos Aires en 1807, Belgrano es elegido sargento del regimiento de Patricios, es donde estudia principios de milicia y manejo de armas, cumpliendo su rol como instructor, e intervino en la defensa de Buenos Aires expulsando a los ingleses.

Inquieto, Manuel Belgrano volvió a la actividad periodística, editando el Correo de Comercio en marzo de 1810, desde donde cada vez más indignado insistirá, con la idea de que solamente un gobierno criollo era la única senda para sacar a las colonias del atraso.

Por eso, a su vez, antes de la Revolución de Mayo, participó activamente en las reuniones secreteas que se realizaban en la jabonería de Vieytes, junto a su primo Juan José Castelli, Mariano Moreno, Cornelio Saavedra, Domingo French y Antonio Beruti, entre otros.

Llegada la noticia de la caída de la Junta de Sevilla en manos de Napoleón, el grupo que se reunía en la jabonería, designó a Belgrano y a Saavedra para solicitarle al alcalde Lezica que convocase un Cabildo abierto, que se realizó el 22 de mayo, donde se debatió el futuro de la colonia. Al día siguiente el virrey Cisneros intentó formar una Junta, la cual el presidía; Belgrano, exaltado, proclamó: “Juro a mi patria y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día de mañana el virrey no ha renunciado, los arrojaremos por las ventanas de la fortaleza”. No fue necesario tirar a Cisneros por la ventana, ya que renunció el 25 y se formó la Primera Junta de Gobierno, compuesta en su mayoría por criollos, con el propio Belgrano como vocal.

En septiembre de 1810 se puso al mando de un ejército, cuando la Junta le pidió que fuera al Paraguay, para “convencer” a esa región de que reconociera a las nuevas autoridades del Virreinato del Río de la Plata.

En septiembre de 1810 se le encomendó el mando de un ejército, que debía lograr la adhesión de las demás provincias a la causa revolucionaria e impedir que los españoles se adueñaran de la situación. Se enviaron dos expediciones; una al norte, al mando de Francisco Ortiz de Ocampo, y la otra al Paraguay, al mando de Belgrano, para que “convenciera” a esa región que reconociera a las nuevas autoridades del Virreinato del Río de la Plata. En su camino hacia el Paraguay, Belgrano fue recibiendo donativos y reclutas, en Entre Ríos fundó la población de Mandisoví y en Corrientes Curuzú Cuatiá.

En tierra paraguaya, el 19 de diciembre de 1810, el ejército de Belgrano se enfrentó con los españoles en la batalla de Campichuelo dispersándolos; pero no encontró en los pobladores adhesión al mensaje de libertad que llevaba; por el contrario la población huía ante la marcha de los soldados. En los meses subsiguientes los realistas pudieron rehacer sus fuerzas y Belgrano volvió a enfrentarlos en la batalla de Tacuarí el 9 de marzo de 1811, donde el valor del ejército patriota asombró a los españoles instándolos a firmar un digno armisticio y retirarse.

A fines de 1811, aumentaron los ataques españoles contra las costas del Paraná, ordenados por Pascual Vigodet gobernador de Montevideo.

Batalla de Tacuarí
Batalla de Tacuarí

Frente a esto, el Triunvirato encargó a Manuel Belgrano dirigirse hacia Rosario con un cuerpo del ejército el 24 de enero de 1812. El general Belgrano logró controlar las agresiones españolas e instalar una batería en las barrancas del Paraná, a la que llamó Libertad, luego requirió y obtuvo permiso para que sus soldados usaran una escarapela. El Triunvirato mediante un decreto del 18 de febrero de 1812 aprueba la creación de una “escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata”, según diseño propuesto por Belgrano, de dos colores: blanco y azul celeste, reemplazando a la roja con la que se distinguían hasta ese momento.

El Triunvirato estaba, en ese momento, muy ocupado haciendo negocios con Gran Bretaña que a la sazón era alidada de España; mientras Belgrano seguía empeñado en avanzar hacia una nación libre e inaugura el 27 de febrero de 1812, la batería Independencia, es cuando también hace formar a las tropas, asentadas en la isleta, frente a una bandera cosida por una vecina de Rosario, María Catalina Echeverría, tenía los colores de la escarapela.

Creación de la bandera
Creación de la bandera

Bernardino Rivadavia, secretario del Triunvirato, se opuso ordenándole guardar esa bandera y continuar izando la española, a través de una carta en la cual algunas de sus líneas decía: “(…) Ha dispuesto este gobierno que haga pasar como un rasgo de entusiasmo el enarbolamiento de la bandera blanca y celeste, ocultándola disimuladamente y sustituyéndola con la que se le envía, que es la que hasta ahora se usa en esta fortaleza (…)”.

Bendición de la bandera en Jujuy
Bendición de la bandera en Jujuy

Belgrano se enteró de esa resolución unos cuantos meses después, ya que estaba viajando al Alto Perú para hacerse cargo del Ejército del Norte y reemplazar a Pueyrredón el 26 de marzo en Yatasto, en tanto siguió usando la bandera blanca y celeste que fue bendecida en Jujuy por el sacerdote Juan Ignacio Gorriti el 25 de mayo de 1812. Finalmente, en julio, recibió la carta intimatoria, a la cual Belgrano contesta: “La desharé para que no haya ni memoria de ella. Si acaso me preguntan responderé que se reserva para el día de una gran victoria y como está muy lejos, todos la habrán olvidado”.

La mayoría de los datos parecen indicar que la primera bandera tenía dos franjas verticales, una blanca y una celeste, como la que usó San Martín en el Ejército de los Andes para sus campañas. A partir de 1813 la bandera cambia de forma y color, comienza a usarse una de tres franjas horizontales: celeste, blanca y celeste, que eran los colores de la casa de Borbón, a la que pertenecía Fernando VII, parece que al adoptar estos colores se demostraba fidelidad al rey.

Belgrano, ya al mando del Ejército del Norte, se encontró con un grupo de hombres desarmados y mal alimentados, el panorama no era muy alentador, de los 1.500 soldados que sobrevivieron a las incursiones realistas, 500 estaban en pésimas condiciones, heridos o enfermos; el general volvió a organizarlo, gracias a la colaboración de la población que le proveyó los enceres necesarios para mantenerlo; además estas tropas debían esperar meses y hasta años para cobrar sus sueldos. Ante esta situación, Belgrano implementó el reparto de terrenos a los cuerpos de este ejército, donde cultivaban hortalizas y legumbres, de esta manera cubrían sus necesidades alimenticias y el excedente se vendía en beneficio de los soldados que los cultivaban.

Frente al amenazante avance del ejército español comandado por Pío Tristán, Belgrano emite el 29 de julio, un bando ordenando la retirada general ante la avanzada enemiga; la orden era dejarles la tierra arrasada a los españoles, sin casas, sin animales y ningún tipo de objeto. Dudando de las oligarquías locales, las cuales estaban en contacto con los españoles para realizar negocios con las probables nuevas autoridades una vez que estos tomaran la ciudad, Belgrano no les dejó ninguna alternativa, ya que se los fusilaría si no acataban el bando y se sumaban al éxodo.

Éxodo jujeño
Éxodo jujeño

Los demás pobladores colaboraron, perdiendo lo poco que tenían y el éxodo comenzó a principios de agosto de 1812, llevando lo poco que podía ser transportado. Las cosechas fueron incendiadas y se quemó en las calles lo que no podía ser transportado; en cinco días recorrieron 250 kilómetros hasta Tucumán; donde sus pobladores pidieron a Belgrano que se quedara para proteger la ciudad de los realistas, éste acepta desobedeciendo las órdenes del Triunvirato que lo obligaban a trasladarse a Montevideo, para combatir a Artigas y en Tucumán vence a las tropas españolas el 24 de septiembre de 1812. Victoriosos, Belgrano y sus tropas persiguieron a los españoles hasta Salta y los derrotan el 20 de febrero de 1813.

Batalla de Salta
Batalla de Salta

Por las victorias de Salta y Tucumán, la Asamblea del año XIII otorga a Belgrano un premio de 40.000 pesos oro, pero este solicitó que ese dinero se destinara para construir cuatro escuelas públicas en diferentes lugares del territorio. La donación fue aceptada por la Asamblea el año XIII, que a su vez destinó un interés anual hasta que se construyeran las escuelas; lo ocurrido con el dinero donado por Belgrano es otra historia que podría tratarse en otro artículo aparte, pero resumiendo, la donación estuvo dando vueltas varios años sin concretarse lo pedido por Belgrano.

Tras los triunfos de Salta y Tucumán, Belgrano y sus tropas ingresan al Alto Perú, pero los realistas recibieron refuerzos desde Lima y derrotan a los hombres de Belgrano, el 1 de octubre de 1813, en Vilcapugio y luego, el 14 de noviembre, en Ayohúma. Derrotado y enfermo de paludismo, se retiró con lo que pudo salvar de sus tropas y en la posta de Yatasto, Salta, entregó el mando del Ejército del Norte a José de San Martín.

En septiembre de 1814 el Directorio encomendó a Belgrano, acompañado por Rivadavia, que viajaran a Europa para conseguir de las potencias de ese continente la aprobación de la declaración de nuestra independencia, la misión fracasó.

A su regresó a estas tierras, Belgrano se traslado a Tucumán a fines de marzo de 1816 cuando ya había comenzado a sesionar el Congreso de Tucumán. Participa activamente en la Declaración de Independencia, y se suma a la propuesta de que la forma de gobierno debía ser una monarquía, pero no de príncipes europeos, sino que el monarca fuese un descendiente de los incas, como retribución a las injusticias cometidas por los conquistadores contra las culturas americanas. Pero la propuesta no fue escuchada, e incluso recibió burlas de algunos diputados.

Poco después retoma la carrera militar, haciéndose cargo nuevamente del Ejército del Norte, alterado por la derrota de Sipe-Sipe, consecuencia de la corrupta y desastrosa comandancia de José Rondeau, que mientras sus soldados estaban en la absoluta miseria, éste se daba una vida de lujos y excesos en el campamento de Jujuy. Contrariamente, Belgrano era uno más y estaba a la par de sus soldados, había donado la mitad de su sueldo, se encontraba siempre escaso de dinero y muchas veces pedía prestado a sus amistades para comer.

Belgrano se cansó de enviar cartas a Buenos Aires, describiendo el estado precario de sus tropas, pero por supuesto las autoridades de Buenos Aires, que destinaban enormes partidas de dinero para destruir a Artigas en la Banda Oriental, no enviaron ayuda monetaria y ni siquiera se dignaron en contestarle.

Gravemente enfermo, en enero de 1820, el general partió a pacificar la provincia de Santa Fe, aunque al poco tiempo se vio obligado por su quebrantada salud, a viajar hacia Buenos Aires.

A la sífilis que se le había detectado en 1796, se le sumaban los efectos del paludismo y la hidropesía que no le permitían caminar o montar a caballo. Ya en Buenos Aires, el 13 de abril 1820 se dirigió a las autoridades para solicitarles que le pagaran los sueldos adeudados por el Estado, que sumaban unos 13.000 pesos, para costear los gastos médicos; al no recibir respuesta reiteró su pedido, pero solo obtuvo, el 19 de abril, una humillante e ínfima suma por parte del gobernador Sarratea. Al no tener dinero para afrontar sus gastos y sin nada más que vender, pagó los servicios a su médico con su reloj.

El 20 de junio de 1820, en plena guerra civil donde se sucedieron tres gobernadores en Buenos Aires, moría Manuel Belgrano, sólo uno de los ocho periódicos de Buenos Aires, el Despertador Teofilantrópico dirigido por el padre Castañeda, se ocupó de la muerte de Belgrano. Ni la Gazeta, que era el periódico oficial, ni El Argos, que se alababa de tener cien ojos para ver la realidad, no dieron cuenta de la muerte de Manuel Belgrano.

BELGRANO Y SUS AMORES

En este breve recorrido por Belgrano resulta necesario detenerse en sus afectos; entregado a las misiones encomendadas por las autoridades de Buenos Aires, el general nunca contrajo matrimonio, pero, tuvo dos hijos con dos mujeres distintas y una amante francesa, Isabel Pichegru.

Su primer hijo nació de una relación con una dama casada y de alcurnia, María Josefa Ezcurra, que no dudó en seguir a Belgrano hasta Tucumán cuando este se hizo cargo del Ejército del Norte. María Josefa, regresó a Buenos Aires con un niño de nombre Pedro, que dio a luz en 1813 en Santa Fe. El marido de su hermana, Juan Manuel de Rosas, lo adoptó y crió sin que Belgrano tuviera relación con él.

En 1816, cuando el general vuelve a hacerse cargo del Ejército del Norte. Y en un baile donde se celebraba la Declaración de la Independencia, Belgrano conoció a María Dolores Helguera, que según algunos autores tenía 15 años y para otros 18, en tanto Belgrano tenía 46 años y comenzó una relación con esta jovencita. Hasta que en 1819 el gobierno porteño ordenó a Belgrano partir al Litoral para enfrentar a las tropas del caudillo Estanislao López; abandona Tucumán dejando a Dolores con un embarazo avanzado. En mayo nació Manuela Mónica y los abuelos casaron a Dolores con un hombre llamado Rivas.

Pocos meses después, muy enfermo, el general dejó el mando del ejército y regresó a Tucumán, donde conoció a su hija.

Referencias:

1- Quien había afirmado en 1776 que la riqueza de las naciones estaba en el trabajo de sus habitantes.

2- La fisiocracia o fisiocratismo era una escuela de pensamiento económico del siglo XVIII fundada por François Quesnay y Anne Robert Jacques Turgot en Francia. Afirmaba la existencia de una ley natural por la cual el buen funcionamiento del sistema económico estaría asegurado sin la intervención del gobierno. Su doctrina queda resumida en la expresión «laissez faire, laissez passer» (dejar hacer, dejar pasar). El origen del término fisiocracia proviene del griego y quiere decir "gobierno de la naturaleza", al considerar los fisiócratas que las leyes humanas debían estar en armonía con las leyes de la naturaleza. En síntesis la fisiocracia ponía el acento en la tierra como fuente de riqueza.

3- Pese a que los jesuitas, a fines del siglo XVII, fueron los primeros en introducir la imprenta, el primer diario que hubo en el Río de la Plata fue manuscrito y data del año 1764.

Bibliografía consultada:

Belgrano, Manuel. AUTOBIOGRAFÍA Y OTRAS PÁGINAS, Editorial Eudeba.

Beltrán, Juan Ramón. TRES MÉDICOS COLONIALES EN SALTA: MILN, REDHEAD Y CASTELLANOS. UBA.

Pigna, Felipe. LOS MITOS DE LA HISTORIA ARGENTINA 1. Grupo Editorial Norma.

Busaniche, José Luís. HISTORIA ARGENTINA, Editorial Hachette.

Mitre. Bartolomé. HISTORIA DE BLEGRANO Y DE LA INDEPENDENCIA ARGENTINA, Librería de la Facultad.

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